*** Reabrió al público la Sala 6 de Flora y Fauna del Museo del Templo Mayor, con la exhibición de 338 piezas botánicas y zoológicas, muchas de ellas inéditas *** El espacio proporciona un panorama más amplio sobre los ecosistemas y el modo de vida de los mexicas a partir de los resultados alcanzados en casi 35 años de investigaciones
La Sala 6 de Flora y Fauna del Museo del Templo Mayor (MTM) fue reinaugurada la víspera, luego de año y medio de trabajos de remodelación, adecuación museográfica, integración y actualización de información, e incorporación de temáticas y piezas arqueológicas, muchas de ellas inéditas.
Durante la ceremonia de reapertura, el historiador Marco Barrera Bassols, coordinador nacional de Museos y Exposiciones, quien acudió en representación de Sergio Raúl Arroyo, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dio lectura a un texto escrito por el etnólogo, en el que señala que “una de las tareas sustanciales del Instituto reside en el desarrollo de acciones, instrumentos, actividades y servicios expresamente concebidos para difundir los contenidos, informaciones y valores de las colecciones de su amplia red de museos”.
En dicho discurso añade que “la tarea fundamental de cada uno de nuestros museos es la de comunicar y hacer accesibles y comprensibles esas colecciones entre los distintos públicos. Con ello estamos seguros de que las nuevas generaciones evitarán que los objetos que las integran caigan en el olvido”.
Al referirse a la sala renovada del MTM, Sergio Raúl Arroyo indicó que este espacio “proporciona un panorama más amplio sobre los ecosistemas y el modo de vida de los mexicas a partir de los resultados alcanzados en casi 35 años de investigaciones botánicas, zoológicas y arqueológicas que se han realizado en torno de las excavaciones del Proyecto Templo Mayor, iniciadas y dirigidas por el profesor Eduardo Matos, en 1978, y actualmente encabezadas por el arqueólogo Leonardo López Luján”.
Por su parte, Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, se refirió a la importancia de dicha sala que “muestra uno de los rubros de conocimiento de la cultura mexica, presentando los restos de animales y plantas y su simbolismo en el México antiguo (…), tema que hasta hoy se constituye en un caso único, pues en la mayoría de recintos similares poca atención se ha prestado a este tipo de material”.
La renovada sala presenta al público piezas botánicas y zoológicas a partir de los ambientes ecológicos a los que pertenecen, exhibiendo alrededor de 338 materiales —lo que significó un incremento de piezas de hasta cuatro veces su número—, entre ellos restos óseos de colibríes y ranas que por primera vez se muestran, así como fibras de algodón y fragmentos de ahuehuete también inéditos.
De acuerdo con el arqueólogo Adrián Velázquez Castro, unos de los curadores de la Sala de Flora y Fauna, el recorrido inicia con el tema de Arqueobiología, disciplina que estudia tanto los elementos vegetales como los animales de épocas pasadas, en este caso, durante el asentamiento mexica en el Valle de México.
“Hay que destacar las especies vegetales, cuya cantidad fue incrementada en la sala, y que fueron encontradas a manera de semillas de zarzamora, capulín, jitomate, chía, frijol y calabaza, en diferentes ofrendas de lo que fue el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, junto con fibras de algodón, hule y papel amate”.
Posteriormente, se muestran los objetos a partir de los ecosistemas de los que proceden; los primeros temas a desarrollar son el Clima templado y el Bosque Espinoso, donde se exponen pilotes de cimentación de madera (ahuehuete), representaciones en piedra y restos óseos de serpientes, pumas, lobos, y colibríes.
El especialista explicó que el colibrí era una de las aves más veneradas por los mexicas, ya que estaba relacionada con su deidad de la guerra, Huitzilopochtli, “por esta razón, creían que cuando los guerreros morían o las mujeres fallecían durante el parto —a las cuales se les consideraba como guerreras— subían al sol y se transformaban en aves, siendo una de ellas el colibrí”.
Asimismo, se muestran los usos y representaciones del maguey, especie vegetal comúnmente explotada por la mayoría de la población mexica. Entre los objetos sobresalen un gran conjunto de espinas para autosacrificio, vasijas pulqueras, así como la escultura del dios del pulque: Patécatl.
A continuación se exhiben los Cuerpos Lacustres, de donde esta antigua cultura obtenía sus fuentes de alimentación. A pesar de que existe poca evidencia arqueológica sobre los animales de consumo —de los que sólo se sabía por las fuentes históricas como el Códice Florentino—, se descubrieron algunos restos de conejos, ranas, ajolotes y peces de agua dulce en la esquina sureste del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, correspondientes a su VI etapa constructiva (1486-1502). Estos ejemplares se integraron por primera ocasión a la sala.
Más adelante, se habla de los ambientes Bosque Tropical Caducifolio y Bosque Tropical Perinifolio, que se encuentran en las zonas cálidas de Morelos y Guerrero, de donde venían materiales tan importantes como el copal, una resina con propiedades aromáticas comúnmente usada por los mexicas en sus rituales y con la que hicieron también figuras antropomorfas.
De esas mismas regiones se exhiben artículos inéditos hechos en papel amate, varios de ellos recuperados en la Ofrenda 102 dedicada a Tláloc, dios de la lluvia, localizada en el año 2000 en el predio Las Ajaracas. “En ella había materiales orgánicos únicos (que hasta el momento no han vuelto a registrarse), como fibras de maguey, textiles y flores de yauhtli, mencionó Velázquez Castro.
Posteriormente, se muestran piezas provenientes de las selvas tropicales, como restos óseos de jaguar, tucán y plumas de quetzal. Enseguida, se exhiben gran número de conchas, erizos, corales, moluscos y restos de peces, cuyo simbolismo dentro de la cultura tenochca se relacionaba con el inframundo, un espacio del cosmos ubicado debajo de la superficie de la tierra, que por excelencia era acuático.
El recorrido de la sala concluye con una temática nueva que se refiere al tratamiento que los mexicas dieron a pieles y huesos de animales para ofrendarlos, lo que correspondería a un tipo de taxidermia antigua.
“Los mexicas ofrendaban pieles de animales trabajadas, lo que se infiere por el tipo de huesos descubiertos en las ofrendas, aquellos que se dejan para sostener y dar forma a la piel y que no se desgarre, tales como la máscara ósea, las patas delanteras desde la muñeca hasta las garras, las últimas vértebras de la cola y las garras de las patas traseras”, explicó Norma Valentín, investigadora de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH.
A partir de hoy, la sala puede visitarse en el MTM, que se localiza en Seminario No. 8, Centro Histórico de la Ciudad de México. Horario: 9:00 a 17:00 horas. Costo: $57.00 excepto maestros y estudiantes con credencial vigente, personas mayores a 60 años y niños menores a 13, así como jubilados, pensionados y discapacitados. Domingos entrada gratuita a nacionales y extranjeros residentes.